Cartas del Lector

Profesores fanatizados

Señor director:
Hace poco presenciamos por televisión una movilización de ADP, en defensa del profesor Ciro Martin Trinidad Inoa, de la escuela Andrés Bello, señalado como agresor sexual de una niña de 13 años, del sector La Milagrosa, de Moca. Aquello nos pareció un espectáculo mal concebido, a cargo de profesores que se adelantaban a la investigación que estaría a cargo de las autoridades competentes.

Tres días después vimos en este vespertino, que dicho profesor había sido privado de libertad preventivamente por tres meses, que le impuso la jueza Aura Esther Lora, de la Oficina de Servicio Judicial de Atención Permanente de la provincia Espaillat. Estos educadores se manifestaron atendiendo a la conducta pública de este profesor, pero inobservaron su comportamiento privado. Guiados por la ADP se anticiparon a los hechos y se movilizaron apostando a la inocencia de su compañero.

A estos docentes les faltó comedimiento profesional y personal para apoyar a su colega de trabajo y de gremio, en vez de defender a la supuesta víctima, una niña de 13 años que podría quedar con lesión permanente a causa de la agresión sexual en su contra.

El mal ejemplo dado allí por la ADP empaña la imagen de todo el gremio, crea dudas y desconfianza de los padres hacia los maestros y nos dice a los espectadores que la educación continúa por mal camino. Quizás cuantos servidores administrativos y padres de familia fueron arrastrados a aquella movilización sin antes ponerse en los zapatos de la niña y de sus progenitores, que probablemente en lo adelante sientan rechazo por la escuela y por su personal. La solidaridad no tiene frontera y por tanto es dable a cualquier ciudadano/a sin condición alguna como persona, pero no en apoyo a un hecho cometido, que en este caso contraviene el respeto a la ley, a la niñez y la dignidad.

Esos profesores no observaron la proliferación de abusos sexuales que hay en la actualidad contra niños/as y adolescentes. No se percataron que ellos mismos tienen hijos e hijas menores de edad, ni que los profesores como varones sufren los mismos impulsos sexuales que el más común de los hombres, pero que, por su formación profesional, humana y familiar se les supone capacidad para superarlos.

Ratificamos sentimiento de afecto, respeto y consideración por todos los maestros, pero no ocultamos nuestra primera convicción de arrodillarnos cada vez que sea necesario para defender a un niño o a una niña. Censuramos el hecho, y sin conocerla, nos colocamos del lado de la niña abusada.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

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