Cartas del Lector

Propuesta al PLD

Señor director:
Lo que es odioso para algunos no es hablar de la reforma constitucional, sino solamente cuando se trata de la reforma única y exclusivamente para la reelección. Habilitar al Presidente Medina, convertir en senadores a los expresidentes, unificar las elecciones y otros temas, si se logra consensuar con los otros partidos, incluyendo propuestas de la oposición, garantizaría el tramite congresual de la reforma.

La historia da muchos ejemplos de los errores que se cometen por no entender que los políticos en el poder en algún momento deben entregarlo. Por eso deben manejarse con mesura y comedimiento. Los cargos son prestados, se deben a la voluntad popular, a la voluntad del soberano. Lo natural es que estemos todos preparados para estar tanto en gobierno como en oposición.

El PLD estuvo 27 años en la oposición (1973-1996 y 2000-2004), 23 de ellos de manera ininterrumpida. Hoy los perredeístas versión PRM van a tener 16. O sea, todos hemos sido opositores y en algunos momentos gobierno.

Ahora, todo aquel que divide su partido o su coalición de antemano está ante la crónica de una derrota anunciada. Solo la suma de los liderazgos de Leonel Fernández y Danilo Medina tienen posibilidad de competir contra las fuerzas opositoras, debiendo hacerlo en monolítica unidad, con el apoyo de viejos y nuevos aliados, para reforzar el posicionamiento electoral.

La lógica indica que tras 16 años de ejercicio del poder se produce un desgaste, un hartazgo más o menos severo de las posibilidades electorales.

No entenderlo es desconocer el sentido práctico de la política y el cansancio que se produce en sectores importantes de la sociedad por el largo ejercicio del poder.

Auspiciar la unidad debe ser el norte de quienes son miembros y de quienes son aliados al PLD, aunque la formación de grupos o personas alrededor de los liderazgos auspicien y promuevan el divisionismo. Eso es precisamente lo que nuestra propuesta hace: dar una voz de alerta, decir lo que algunas veces la altura no permite escuchar.

Sé que los papeles de los proponentes algunas veces no son reconocidos por los afectados. Pero eso no es óbice para intentarlo, sobre todo atendiendo la experiencia del que esto escribe, que lo vivió en los casos de los presidentes Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, casos que enseñan preocupantes lecciones de política y de vida. Solo aquellos que no conocen la historia pueden desconocer semejantes resultados.

Atentamente,

José Francisco Peña Guaba

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