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Relaciones con Haití y China bajo la lupa

Por: Luis Garcia

La República Dominicana iniciará el próximo 16 de agosto el período constitucional 2020-2024, con un nuevo partido en el poder, el Revolucionario Moderno (PRM), ante una perspectiva de cambios que, de seguro, impactará su Política Exterior.

Aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores es el órgano rector de la Política Exterior, las decisiones recaen en el Presidente de la República, por mandato de la Constitución.

La misma tiene como marco de acción a la Carta Magna, que enarbola una serie de normas jurídicas, principios y valores, así como por las que forman parte del Derecho Internacional Público general y americano, y que han sido adoptadas por el país.

En el contexto anterior, corresponderá a Luis Abinader, en su condición de Jefe del Estado, y a Roberto Álvarez, Canciller de la República; ejecutar la visión del país a nivel internacional, en un mundo en el que claramente Estados Unidos y la República Popular China marcan las pautas del dominio diplomático y comercial.

En el caso nuestro, dos países, la República de Haití y la República Popular China, figurarán como punto de mira de sectores con cierta capacidad de generar opinión pública, en caso de que las relaciones con ambos cambien sustancialmente de perfil.

Esto así, porque tanto Abinader, como Álvarez, son considerados cercanos a los Estados Unidos. Hay que observar que la administración del presidente Donald Trump cuestionó el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con los chinos y favorece una flexibilización del trato hacia los haitianos.

Consciente la prensa dominicana de la situación, recientemente puso el tema de la sentencia del Tribunal Constitucional 168-13 que estableció quiénes eran dominicanos, a lo que el anunciado ministro de Relaciones Exteriores respondió inteligentemente: “Yo soy dominicanista. Soy dominicano primero, segundo y tercero”.

El hecho viene al debate, porque el futuro funcionario criticó en su momento a la referida sentencia.
Respecto a las relaciones con China, el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la restableció el primero de mayo del año pasado, contrariando la voluntad de los norteamericanos, que no dudaron en criticarla públicamente.

La realidad es que en un mundo global y competitivo como el actual, la formalización de las relaciones diplomáticas y comerciales con la República Popular China abrió un nuevo escenario geopolítico para la República Dominicana en el Caribe, el cual le proporcionará ventajas económicas y políticas.

Naturalmente, conforme a los indicadores de análisis geoestratégicos, nuestro país no representa un actor geopolítico de importancia a nivel planetario, pero las relaciones formales con el gigante asiático proporciona una plataforma que le pone a disposición un mercado de 1,400 millones de consumidores que impactaría positivamente en varios renglones de la economía, carteras de financiamientos y programas de cooperación, instalación de empresas que generarán empleos; así como el acceso a organismos y órganos internacionales.

Los gobiernos del PLD, antes del restablecimiento de las relaciones con China, lo hicieron con la República de Cuba y retiraron las tropas dominicanas de Irak. En cambio, el PRD, génesis del PRM, ha obrado con cierto conservadurismo en relación a la Política Exterior, al punto que mantuvo el aislamiento con Cuba cuando dirigió el Estado durante los períodos 1978-1982 y 1982-1986, a pesar de los profundos lazos históricos que unen a dominicanos y cubanos.

Y es por eso que las relaciones con China y Haití estarán en la mira geopolítica caribeña, y aunque se descarta un rompimiento con el primero, sí queda latente la posibilidad de una disminución del ritmo de las relaciones diplomáticas y comerciales.

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