Anticorrupción

Revelaciones de corrupción y sangre en el juicio a “El Chapo” en EE.UU: “Siempre hay cadáveres”

“El Rey”, un testigo clave, ofrece detalles del temido Cartel de Sinaloa y su jefe.

Drogas corrupción y sangre. Durante unas tres horas este miércoles y otras cinco el jueves, “El Rey” habló. Habló en el mayor juicio al narcotráfico que se recuerde; el juicio contra Joaquín “El Chapo” Guzmán en Nueva York. ¿Quién es?

“El Rey” es uno de los antiguos colaboradores de El Chapo. Su nombre es Jesús Zambada García, y es el primer gran testigo del gobierno estadounidense en el caso contra Guzmán, considerado uno de los mayores narcotraficantes de la historia y que se enfrenta a cadena perpetua de ser considerado culpable de introducir 155 toneladas de cocaína a EE.UU durante 25 años.

Foto de 2008, proporcionada por la Oficina del Fiscal General del Distrito Este de Nueva York, muestra a Jesus Zambada alias El Rey./ AP

Foto de 2008, proporcionada por la Oficina del Fiscal General del Distrito Este de Nueva York, muestra a Jesus Zambada alias El Rey./ AP

En los últimos días, El Rey le contó al jurado los entretelones y laberintos del narcotráfico, en México, más específicamente del Cártel de Sinaloa, su estructura, su funcionamiento y varios de sus episodios más sonados.

En su testimonio, Jesús Zambada García se zambulló en el mundo narco: las toneladas de cocaína, los asesinatos y huidas de prisión.

Una sociedad para la importación de cocaína

Vestido con uniforme de presidiario, tranquilo y con un lenguaje claro y conciso, Zambada García desmintió de entrada uno de los ejes de la estrategia de la defensa: que su hermano, Ismael “El Mayo” Zambada, y no el Chapo, era el líder único del Cartel de Sinaloa.

“Eran socios”, aseguró sobre los dos capos. Según dijo, el Mayo y el Chapo tenían “una relación de trabajo, una sociedad para la importación de cocaína, de narcotráfico”, en la que iban “a medias”.

Zambada sabe bien de lo que habla: él mismo era uno de los “sublíderes” del Cártel, hombre de confianza de su hermano, primero como responsable de sus cuentas y luego jefe en Ciudad de México.

Desde esos puestos privilegiados, “El Rey” conoció personalmente a todos los pesos pesados de Sinaloa, desde finales de los años 80 hasta su detención en 2008.

Uno a uno, identificó ante el jurado a todos los nombres claves: “El Mayo”, Guzmán y su hermano Arturo, Amado Carrillo, Juan José Esparragoza, los hermanos Beltrán Leyva o Nacho Coronel.

Con lo cual, todo lo que El Rey diga en el juicio (la semana que viene seguirá hablando) es una mina de oro para la fiscalía y una bomba para El Chapo (y muy malas noticias para México).

Las coimas (en dólares)

El testigo relató con naturalidad, por ejemplo, que él, como encargado de la “plaza” de Ciudad de México, pagaba unos 300.000 dólares mensuales en sobornos a responsables de la fiscalía general, a la dirección de la policía judicial, de la de carreteras o a los agentes municipales.

“Dejó ir una pincelada. Él iba a realizar una operación importante de cocaína en el estado de Guerrero. Lo comentó con su hermano El Mayo y con Joaquín Guzmán, El Chapo. “Este me dijo que fuera a ver al General Toledano y que le diera 100.000 dólares y un abrazo de su parte”. El pago lo definió como “un regalo”.

“De esta manera conseguíamos el apoyo de las autoridades para proteger nuestras operaciones, cosa en la que también contábamos con la intervención de los sicarios”, reconoció Zambada.

La sangre y esa noche en Puerto Vallarta

"El Rey" Zambada García./ AFP ARCHIVO

“El Rey” Zambada García./ AFP ARCHIVO

Quedó claro que si una de las patas del narcotráfico es la corrupción–este juicio, que se va alargar tres o cuatros meses, para dolor de cabeza de las autoridades mexicanas-, la otra es la operatividad criminal. Sin escrúpulos.

El Rey, que se declaró culpable en su día y ha colaborado como un arrepentido para aminorar su pena, confesó que su hermano El Mayo y El Chapo se enzarzaron en varias guerras para mantener el dominio y la expansión del cartel. “Hubo muchos muertos”, dijo el testigo, al que Guzmán miraba de manera constante, aparentemente, desde el banquillo de los acusados.

Zambada relató cómo el cartel de Sinaloa, antes conocido como La Federación, emergió en los años 90 como una alianza de varios señores de la droga y, liderados por el Mayo y El Chapo, abrieron una guerra a la poderosa familia de los Arellano Felix.

“Siempre hay cadáveres”, remarcó.

Uno de los capítulos más sangrientos se registró en 1992, en una discoteca, Christine, de Puerto Vallarta (Jalisco). Los sicarios del Chapo fueron a buscar (para asesinar) a Ramón Arellano Félix. Fallaron, pero en el tiroteo murieron varios narcos, de ambos bandos, y clientes del club.

La Corte de Brooklyn donde se desarolla el juicio. / AFP

La Corte de Brooklyn donde se desarolla el juicio. / AFP

A Ramón terminaron matándolo, pero diez años más tarde, en Mazatlán.

Según El Rey, El Chapo le admitió que “si algo le dio gusto, fue haber matado” a Ramón Arellano.

Zambada también contó que él mismo una vez recibió un balazo, pero la bala pasó alta y apenas lo rozó. “Pensaron que estaba muerto, saqué la pistola y abrí fuego”.

El Chapo fue otro de los objetivos de los sicarios del clan de los Arellano Félix, que en 1993 fallaron en su intento de liquidarlo en el aeropuerto de Guadalajara y que, por error, mataron allí al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

El Rey aclaró que él “nunca mató”.

Sin embargo, en los operativos de asesinato ahí estaba. Al menos en tres. “Localicé a los objetivos, pasé mensajes a los sicarios. Uno de los marcados era un agente judicial y los otros miembros de una banda”, contó naturalmente, como si aquello fuera apenas una anécdota.

¿Supo si se completaron esas operaciones?, le preguntaron

Normalmente, contestó.

La policía

Aunque habían trabajado juntos durante años, Zambada García conoció al Chapo en persona por primera vez en 2001, poco después de su huida del penal de Puente Grande, cuando junto a su hermano fletó un helicóptero para evitar que su “compa”, tal y como se referían a él, fuese capturado nuevamente por las autoridades.

Después de que el helicóptero depositase a Guzmán sano y salvo en Querétaro, el propio Zambada García y su esposa se encargaron de llevarlo en auto hasta Ciudad de México.

Ocultándose detrás de un diario para evitar ser visto, El Chapo se encontró a su llegada a la capital con una patrulla policial. Según “El Rey”, el narco se preocupó por un momento, pero él lo tranquilizó inmediatamente: “Están aquí para protegernos. Nadie nos va a tocar”.

La cooperación entre el Cartel y autoridades mexicanas fue uno de los puntos fuertes del testimonio de Zambada García.

El Ejército, la Procuraduría General de la República, la Policía Federal de Caminos, la Policía del Distrito e incluso la Interpol, en todas había oficiales sobornados para proteger a los narcos.

Las autoridades corruptas, según su relato, sólo trabajan con un Cártel por cada “plaza”, pero a través de sus distintos lugartenientes,Sinaloa controlaba buena parte de México.

Esta semana, un Guzmán elegantemente vestido escuchó con atención y gesto impasible el relato desde el banquillo de los acusados.

A partir del lunes, sus abogados tendrán ocasión de cuestionar a Zambada y defender su teoría de que la historia del Chapo es más “leyenda” que realidad, un juicio que empezó el 5 de noviembre con la elección del jurado y que se prevé que pueda durar 4 meses.

Fuente: EFE, AFP y La Vanguardia

Tomado de  El Clarín

 

 

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