Sociedad Civil

Riqueza natural sepultada

Como un río poseedor de un hermoso paisaje, rodeado de arbustos, donde la gente se podía bañar, pescar y utilizar su agua limpia para uso doméstico y la agricultura es como se describe el Ozama en los libros y por personas que llevan más de 40 años “buscándose la vida” en sus alrededores.

Hace años la gente comenzó a establecerse a orillas de los ríos de la ciudad porque, además de que era el lugar más asequible por sus precarias condiciones económicas, su agua y plantaciones le garantizaban el abastecimiento.

Pero el emplazamiento que en otro tiempo parecía óptimo, como reseña el arquitecto Cristóbal Valdez en su libro “Historia Crítica de la ciudad de Santo Domingo”, se ha transformado. Muere lentamente.

Quienes podían pescar en cualquier punto, ahora tienen que recorrer hasta quince kilómetros para encontrar algo y añoran aquella época en que los ríos “proveían bastante”.

“El río está agonizando. Está como cuando alguien está conectado a un respirador artificial que en el momento en que se lo quiten, muere. Aquí se ha terminado todo”, relata Segundo Hidalgo, quien define el Ozama como el zafacón de la ciudad y basta caminar por sus orillas para corroborarlo.

Realidad palpable
Un estudio de la Coalición Río documenta que allí se vierten directamente o indirectamente alrededor de 90,000 toneladas de basura por año. Esto no sólo impacta drásticamente el paisaje, que atrae la atención al cruzar cualquiera de los puentes sobre el río, sino que representa un riesgo sanitario para quienes habitan en su entorno porque, en la mayoría de los casos, no tienen otra opción.

Causas     
La contaminación de los ríos Ozama e Isabela, que se extiende hasta el mar, es producto de dos de los principales problemas ambientales del Gran Santo Domingo: la inadecuada gestión de los residuos sólidos y de las aguas residuales.

La ciudad posee una infraestructura de alcantarillado obsoleta e insuficiente para una población en constante crecimiento. Diversos estudios y especialistas reflejan una situación alarmante, pero a pesar de que se han diseñado muchos planes para solucionar la situación, hasta ahora es poco lo que se ha avanzado.

La falta de un adecuado sistema de alcantarillado sanitario provoca que diariamente lleguen a las aguas subterráneas miles de toneladas excrementos humanos, de donde luego se extrae el líquido para uso, sostiene el ingeniero geólogo y ambientalista Osiris de León, quien con seguridad deplora que los residentes en esta urbe “nos bañemos, nos cepillemos y lavemos nuestros utensilios de cocina con las mismas aguas que descargamos de los inodoros”.

Esto lo corrobora la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), entidad oficial del sector, que en su “Plan maestro” establece que la mayoría de descargas de aguas residuales se realiza directamente, sin ningún tipo de tratamiento, a los ríos que circundan la ciudad o al mar Caribe.

En el estudio de la Coalición Río también se refleja esta situación, señalando que en el río Ozama y en sus afluentes existe contaminación física, química y biológica debido a las descargas sanitarias relacionadas con el crecimiento demográfico de la ciudad, con la actividad industrial que se ha desarrollado en sus márgenes, con la deforestación y la pecuaria.

“Mayormente desechos industriales van al río directamente por el sistema de alcantarillado de la CAASD. Las aguas negras domésticas también llegan al río por esta vía (Ö). Los mayores aportes de residuales industriales al río Ozama proceden de las fábricas ubicadas en la avenida Máximo Gómez (…)”, establece el estudio.

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