Columnas

Rol del partido en la campaña electoral

Por: Jesús M. Guerrero

Las campañas electorales son la lucha para que los dirigentes políticos de los diversos partidos, obtengan las cuotas de poder para fortalecer los cuadros partidarios. Sin embargo, es imposible conseguir los escaños congresuales, las alcaldías y la presidencia de la nación sin una organización que sea una plataforma proselitista con conexión con la sociedad en la que acciona electoralmente.

Un partido político desgatado en el ejercicio del poder, tiene la ventaja de reinventarse por las facilidades que aglutinan al oficialismo. Podemos ver el caso del PRI en México, permanecieron 71 años de gobierno ininterrumpidos, aun con el deterioro de su imagen por los desmanes característicos del poder desmedido; tal vez hubiese podido ser evitado con un posible mandato del malogrado Luis Donaldo Colosio y extender más tiempo la denominada “Dictadura perfecta”, el PRI pudo relanzar su marca durante 71 años de gobierno.

Pero, la realidad es que, es mejor un partido ejerciendo una administración dilatada de un país, que uno sin historia ni capacidad de unificar criterios ni relación con las demandas sociales del pueblo que debe representar, es decir sin hacer oposición constructiva y constante.

Son el principal púlpito para presentar al candidato ante el electorado, es un arduo trabajo vender a un aspirante presidencial desde una organización política con muchos años fuera del Poder Ejecutivo, luego una gestión desastrosa ante la percepción de la ciudadanía.

Un ejemplo de esto, es lo sucedido con la oposición después del cuatreño 2000-2004. Un partido con pésima dirección interna, transmite la apreciación de que al no lograr asumir su propia administración mucho menos podrá con la del país y la actualidad el único esfuerzo de unificar criterios en el tristemente célebre bloque opositor, parece padecer división 2 años antes de los comicios.

En el libro Planificación Estratégica para Partidos Políticos de Caspar F. Van den Berg, establece lo siguiente, cito: “Resulta paradójico que los partidos políticos tengan la ambición de gobernar Estados cuando a menudo ellos mismos están muy mal gobernados.

En la política democrática existe una tensión constante entre la necesidad a corto plazo de responder al electorado y el desarrollo de objetivos y estrategias a largo plazo.”

Dicho libro continua explicando lo siguiente, cito: “Los partidos políticos, en particular, se ven obligados con demasiada frecuencia a centrar su atención en crisis externas inmediatas, en detrimento del desarrollo a medio y largo plazo de sus estrategias y de la organización interna en favor de dichas estrategias.

En las democracias jóvenes, especialmente, esta exigencia tiende a debilitar las perspectivas de supervivencia de los partidos políticos en entornos que suelen cambiar con rapidez. A su vez, la confianza de la opinión pública en los partidos políticos como vehículo de representación y gobernanza tiende a debilitarse. Para poder prepararse de forma adecuada para las nuevas demandas de la sociedad y los cambios democráticos, los partidos políticos precisan capacidad para mirar hacia delante y anticiparse a los acontecimientos.”

El caso más parecido de esto es el PRD, de tener la más grande militancia en el país, producto de sus conflictos internos y mal manejo de todas sus actuaciones internas, hoy es un partido minoritario obligado a aliarse para sobrevivir. Los partidos políticos fallan en sus campañas por su falta de convergencia en uso mediático para canalizar las propuestas electorales y sobre todo pecan de pensar de forma analógica, mientras los ciudadanos viven en la época digital.

La oposición no puede apelar únicamente a la detracción contra el partido oficialista, según el consultor argentino, Carlos Fara en su conferencia, Cómo hacer campañas desde la oposición legislativa, realizó una observación pertinente en tiempos de campañas negativas, cito: “No hay que criticar todo el tiempo, la negatividad en el emisor hace que este pierda credibilidad.”

Según el asesor Fernando García Naddaf: “Los liderazgos actuales tienen una retórica diferente y estética opuesta a los partidos tradicionales.” Por tanto, estas organizaciones están obligadas a cambiar para no desaparecer e incluso los liderazgos históricos, están llamados a relanzarse con nueva imagen para lograr reconectar con los votantes.

Recorremos momentos donde la política presenta niveles bajos de adhesión por parte de los ciudadanos, donde las instituciones menos valoradas son las de raigambre política y que en las últimas décadas los afiliados a los partidos son cada vez menos.

Pese a todo ello, la comunicación política ha iniciado un camino hacia la adecuación, no sólo para ganar elecciones, sino para elevar la vara con la que se mide a la dirigencia política. Esto obliga a los partidos políticos a reinventarse o desaparecer, organizaciones relativamente nuevas, sin ideología ni pautas sociales y sin legitimidad en el electorado no pueden esperar ser endosados por la sociedad de golpe y porrazo. El mejor reflejo de esto, es el tiempo transcurrido del 23 de diciembre de 1973 con la fundación del PLD hasta 1996 con la conquista de primer gobierno y el resto es historia.

Un partido político sin ideología ni formación ni estructura organizada, no puede ser garante de reivindicaciones ciudadanas y se hace casi imposible cumplir con el objetivo de impulsar una candidatura para dirigir los destinos de una nación, aun con un candidato popular y con discurso. Peor, es cuando ese aspirante carece de popularidad y habilidades comunicativas.

Concluyo con la frase de Leandro Alem, cito: “La vida política forma esas grandes agrupaciones, que llámeseles como ésta, populares, o llámeseles partidos políticos, son las que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes.”

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