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¿Se justifican las cuotas?

Ahora que la Ley de Partidos ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de las cuotas, mucha gente se pregunta si ha valido la pena el sistema de cuotas políticas que se ha establecido.

En primer lugar, las cuotas han chocado con dos obstáculos: la renuencia de los partidos para aplicarlas, y la falta de candidatas para las posiciones.

Por eso, los partidos metieron a todas las mujeres como vicealcaldesas y a muchas otras en posiciones no ganables.

Del mismo modo, cuando se acercan las elecciones les ofrecen las posiciones a mujeres que no han probado su vocación de servicio público o su honradez.

Y esa es la cuestión: las cuotas no solo deben servir para ampliar la participación de sectores (mujeres, jóvenes, discapacitados), sino también para mejorar la calidad de la política y del servicio público. No todos los “cuotables” son mejores que los que dejan fuera, ni son más honestos.

El sistema de cuotas es razonable cuando fomenta esos valores, pero otorgar una cuota a un segmento por pura demagogia, no es buena política. Solo los mejores deben ir a los puestos.

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