Editoriales Invitados

Sermones de sanos propósitos

El clero llano y parroquial subió a los púlpitos para llamar la atención con aplicación de dedos sobre lacras de la realidad nacional logrando que muchos ciudadanos y su más directo auditorio bajo cúpula catedralicia sintieran que ellos compartían sus preocupaciones por males sociales derivados de criticables ejercicios y objeciones de Estado incluyendo los rasgos sombríos que al futuro inmediato proyectan las extralimitaciones encaminadas a propinar un nuevo golpe modificador a la Constitución de la República, la Ley de Leyes o “Primera Piedra” sobre la que debe prosperar la ansiada institucionalidad.

Palabras emitidas con generalización contra políticos y sus parcelas vistos por estos pastores de almas como infieles a sus promesas de servir al pueblo y desertores de la búsqueda del bien común, “anteponiendo sus intereses personales y ansias de poder”, coincidiendo con el sentir de mucha gente que atribuye balance histórico negativo a la forma de hacer política y ejercer mandos en República Dominicana; medidos desde el renacer mismo de las libertades, cesado el atroz trujillismo que por momentos parece cobrar una validez que se bifurca con remozamientos hasta el presente. Los últimos esfuerzos de interferencia desconocedora de la separación de poderes halló en las Siete Palabras una enérgica reprobación con visión cristiana que se adhiere a otras señales de peligro para los derechos ciudadanos expresados por más sectores.

Admirable solidaridad

Bajo la coordinación del Centro de Operaciones de Emergencia (COE), un ejército de servidores dijo presente en muchas rutas interurbanas y balnearios de mar y ríos, renunciando al asueto propio para cumplir deberes en prevención y auxilios. Fuerzas Armadas, Defensa Civil, Cruz Roja, Policía Nacional, el 911, Salud Pública y otras dependencias hicieron la habitual causa común para prevenir percances o mitigarlos, incluyendo la numerosa participación de voluntarios dispuestos a arrostrar peligros. A su altruista intercesión escapan las acciones individuales contra la prudencia al conducir o al disfrutar de baños públicos. La excesiva tolerancia social y legal al consumo irresponsable de bebidas perjudiciales a la salud y a los sentidos cobran un precio generalmente alto en vidas y lesiones a pesar de los permanentes desvelos por reducirlos.

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