Columnas

Sin confianza no hay democracia

Por: Carlos Salcedo

La confianza ciudadana en sus instituciones es esencial para el desarrollo y la democracia. Según la última encuesta de Latinobarómetro, los partidos políticos y el Estado dominicano no son bien vistos en República Dominicana.

Solo el 22% de los encuestados le adjudica credibilidad al gobierno; apenas un 21% de la población confía en el Congreso Nacional y en el Poder Judicial; y, un 24% en la Policía Nacional, la que, como los partidos políticos, el Congreso, el Poder Judicial y el gobierno, está entre las instituciones de peor credibilidad.

Las Fuerzas Armadas y la Iglesia siguen siendo mejor valoradas, pues reflejan una confianza del 40% y 68% de los encuestados, respectivamente.

Esto es similar a los resultados recientes de una encuesta Gallup en EE. UU.: las 4 instituciones mejor valoradas por los americanos son el Pentágono, las empresas privadas, la Iglesia y, a pesar de todo cuanto se dice de Trump, la Casa Blanca.

El Congreso de ese país posee una credibilidad por parte de la población de alrededor del 11%. Por su lado, en confianza ciudadana, la justicia americana está por encima de la nuestra con un 37%.

Esta tendencia en las democracias de occidente es conocida desde hace tiempo. En gran medida, las causas se deben a crisis económicas, problemas sociales, como el de la desigualdad sin resolver, inseguridad ciudadana, corrupción y políticas públicas ineficientes. Hay países, como China, en donde la credibilidad va en aumento: el 84% de la población confía en su gobierno.

Como se ve, los dos países más poderosos del mundo, uno democrático y otro autoritario, se están moviendo en este ámbito en direcciones diferenciadas.

Pero, en todo caso, los dominicanos, los americanos y los chinos son lo que determinan la credibilidad en sus instituciones.

Probablemente los chinos nos estén dando lecciones en mejora de la calidad de vida, oportunidad de movilidad social y fortalecimiento económico e institucional, en el que el liderazgo político y empresarial ha tenido una participación determinante.

La falta de fe en las instituciones esenciales dominicanas se debe al funcionamiento y a los resultados frente a la población, las que para su funcionamiento eficiente dependen de un liderazgo más íntegro.

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