Suicidio: ¿Qué hacer si alguien dice que no quiere vivir? Señales que no debes ignorar

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RESUMEN
Cuando hablamos de suicidio, reconocer las señales de riesgo, escuchar sin juzgar y buscar ayuda a tiempo son acciones fundamentales cuando una persona expresa desesperanza o pensamientos suicidas.
Hay frases que nunca deberían ser ignoradas.
- “Ya no puedo más”.
- “Siento que mi vida no tiene sentido”.
- “Todos estarían mejor sin mí”.
A veces se dicen directamente, otras veces aparecen acompañadas de aislamiento, desesperanza, cambios importantes en el comportamiento o una despedida que parece fuera de lugar.
Frente a estas señales, uno de los errores más peligrosos es pensar: “solo quiere llamar la atención”.
Aunque una persona haya expresado pensamientos similares anteriormente, cada manifestación de desesperanza debe ser tomada en serio.
El suicidio es un problema de salud pública que no puede explicarse por una sola causa, donde pueden intervenir factores psicológicos, sociales, familiares, económicos, biológicos y ambientales.
La Organización Mundial de la Salud estima que más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año y señala que existen intervenciones eficaces para prevenir muchas de estas muertes.
Por eso, prevenir comienza por algo aparentemente sencillo, pero profundamente importante: aprender a escuchar.
Preguntar y escuchar
Todavía existe la creencia de que hablar sobre suicidio puede “ponerle la idea en la cabeza” a una persona. No es así.
Si nos preocupa alguien, podemos preguntarle de manera directa y respetuosa cómo se siente y si ha pensado en hacerse daño o en quitarse la vida.
Hablar abiertamente puede permitir que la persona exprese un sufrimiento que quizá llevaba mucho tiempo escondiendo.
La OMS señala expresamente que preguntar sobre pensamientos suicidas no induce a la persona a actuar; por el contrario, puede disminuir la ansiedad y hacerla sentir comprendida.
La prevención no siempre comienza en un consultorio, puede comenzar en una casa, en una escuela, en un lugar de trabajo o simplemente con alguien diciendo: “Me preocupa cómo te estás sintiendo. Quiero escucharte”.
No todas las personas que atraviesan una crisis suicida mostrarán las mismas señales, y algunas pueden no mostrar ninguna claramente visible.
Sin embargo, debemos prestar atención cuando alguien expresa desesperanza intensa, habla repetidamente sobre morir, siente que es una carga para los demás, se aísla, presenta cambios bruscos de ánimo, se despide de personas cercanas o comienza a desprenderse de pertenencias importantes.
También merece especial atención una persona que haya realizado previamente un intento de suicidio, atraviese una crisis emocional severa o presente un deterioro importante de su salud mental.
Una señal aislada no permite diagnosticar a nadie. Pero varias señales acompañadas de un cambio significativo en la conducta justifican acercarse, preguntar y buscar ayuda.
Cuando alguien expresa que no desea continuar viviendo, nuestra primera reacción puede ser intentar convencerlo rápidamente de que está equivocado.
Frases como “tienes que ser fuerte”, “hay personas con problemas peores”, “piensa en tus hijos” o “eso se te va a pasar” pueden surgir con buenas intenciones, pero también pueden hacer que la persona se sienta aún menos comprendida.
En ese momento necesita ser escuchada, no necesita un sermón ni que comparemos su dolor con el de otras personas, porque lo que necesita saber es que lo que está sintiendo importa y que no tiene que enfrentarlo sola.
Podemos decir: “Estoy aquí contigo”, “vamos a buscar ayuda” o “no tienes que resolver todo hoy”.
Buscar ayuda
Si existe riesgo inmediato, la situación debe tratarse como una emergencia y nunca dejar sola a la persona ni confiar únicamente en que promete sentirse mejor.
Hay que buscar apoyo de familiares responsables, profesionales de salud mental o servicios de emergencia y reducir, en la medida de lo posible y de forma segura, su acceso a elementos con los que pudiera hacerse daño.
La prevención también requiere seguimiento, no basta con conversar una vez y desaparecer.
Un mensaje al día siguiente, una llamada, acompañarla a una consulta o simplemente preguntar nuevamente “¿cómo estás hoy?” puede representar una diferencia importante.
Otro gran obstáculo para la prevención es el estigma, ya que muchas personas ocultan lo que sienten porque temen ser juzgadas, rechazadas o consideradas débiles, especialmente entre los hombres, pues todavía existe una presión cultural para soportar el sufrimiento en silencio.
Tenemos que cambiar esa idea y pedir ayuda cuando emocionalmente sentimos que no podemos continuar no es debilidad.
Es reconocer que estamos atravesando una situación que requiere apoyo.
Psicólogos, psiquiatras, médicos y otros profesionales pueden evaluar el riesgo y ofrecer tratamiento y acompañamiento según cada situación.
Salud mental en RD
La República Dominicana ha venido ampliando sus servicios públicos de salud mental y durante 2026 puso en marcha la línea 811 de salud mental, presentada por las autoridades como un servicio gratuito y confidencial. También existen Unidades de Intervención en Crisis en distintos hospitales dela Red Pública.
Ante una emergencia inmediata también debe recurrirse al Sistema Nacional de Emergencias 9-1-1.
Es importante recordar que la prevención del suicidio no pertenece exclusivamente a psicólogos y psiquiatras, las familias deben aprender a escuchar, las escuelas deben crear espacios seguros para sus estudiantes, las empresas necesitan prestar atención a la salud emocional de sus colaboradores, los medios de comunicación debemos hablar del tema responsablemente y, como sociedad, debemos dejar de convertir el sufrimiento psicológico en motivo de vergüenza.
La campaña mundial para 2024-2026 lleva precisamente el mensaje “Changing the Narrative on Suicide” -cambiar la narrativa sobre el suicidio- y este año vuelve a llamar a iniciar la conversación, combatir los mitos y reducir el estigma.
Hay personas que no necesariamente quieren morir, lo que desesperadamente quieren es dejar de sufrir. Y ahí puede existir una oportunidad para intervenir.
Por eso, cuando alguien diga “no puedo más”, no cambiemos de conversación.
- Escuchemos.
- Preguntemos.
- Acompañemos.
- Busquemos ayuda.
Porque quizás no tengamos todas las respuestas, pero podemos ayudar a que una persona no tenga que atravesar sola el momento más difícil de su vida.
Prevenir el suicidio también empieza cuando alguien encuentra un espacio seguro para decir: “No estoy bien”, y del otro lado encuentra a una persona dispuesta a escuchar.
Fuente: El Día



