Salud

Tratamientos contra el COVID-19: los que funcionan, los que no, y los que siguen en estudio

Docenas de grandes ensayos y cientos de estudios más pequeños investigan desde el inicio de la pandemia tratamientos contra el COVID-19 en todo el mundo.

El ensayo más grande es el Recovery, que comenzó en marzo de 2020 y allanó el camino para que el Reino Unido se convierta en el país con más estudios en ejecución en el mundo.

En paralelo, el programa histórico Solidaridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) completó su evaluación inicial de cuatro medicamentos y halló que ninguno salvó vidas o acortó las estadías en el hospital. Tras una pausa para decidir qué terapias probar a continuación, anunciaron a principios de este mes que

Se reiniciará con un enfoque en las respuestas inmunes ante el COVID-19.

En la práctica, muchos de los estudios constituyeron lo que se considera una “re prueba”, es decir, evaluar el uso de drogas ya aprobadas para otros fines -o combinaciones de ellas- para tratar el nuevo coronavirus.

Tal como lo demostró el ensayo de la OMS, hallar medicamentos antivirales efectivos fue siempre un desafío para la ciencia. La causa radica en que los virus son mucho más diversos que las bacterias, incluso en la forma en la que almacenan su información genética, algunos en forma de ADN y otros como ARN como el SARS-CoV-2.

A pesar de estas dificultades, se desarrollaron en la historia de la ciencia medicamentos que tratan virus como la influenza y el VIH: algunos de estos fármacos se dirigen a los procesos de replicación viral y al ensamblaje del caparazón viral. También se identificaron objetivos farmacológicos prometedores de los coronavirus, pero desarrollar nuevos medicamentos lleva mucho tiempo y -como se vio en la pandemia- los virus mutan rápidamente, lo que podría ocasionar que cuando se desarrolla un medicamento, el virus en constante evolución pronto podría desarrollar resistencia a él.

Los tratamientos que funcionan

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Los anticuerpos monoclonales lograron cierto éxito al ayudar a la respuesta inmunitaria del cuerpo a combatir el virus (Efe)

Existen dos tipos de abordajes terapéuticos lograron consenso en el mundo científico al momento de decidir cómo tratar a los pacientes que se encuentran hospitalizados.

Los corticosteroides, principalmente la dexametasona -de bajo costo y fácilmente disponible- surgieron como posiblemente la intervención más importante hasta la fecha para tratar los síntomas graves del COVID-19 al reducir la inflamación. “Las personas están tomando esteroides tan pronto como entran por las puertas del departamento de emergencias, y es de esperar que la gran diferencia sea que no los veamos en absoluto en la unidad de cuidados intensivos”, apuntó Matt Morgan, un médico de cuidados intensivos en el Hospital Universitario de Gales a The BMJ. El Servicio Nacional de Salud (NHS por su nombre en inglés) de Inglaterra estimó que “se han salvado un millón de vidas a causa del COVID-19 en todo el mundo gracias a la dexametasona sola”.

En un estudio en el que participaron casi 6.500 pacientes inscritos en Recovery en el Reino Unido, se descubrió que la dexametasona reduce las muertes de pacientes ventilados en un tercio y las muertes de pacientes que reciben oxígeno en un quinto. Estos hallazgos fueron respaldados por una revisión adicional de siete ensayos del Grupo de Trabajo de Evaluación Rápida de Evidencia para Terapias COVID-19 de la OMS, que agregó que otro corticosteroide, la hidrocortisona, era tan eficaz como la dexametasona y podría usarse como alternativa.

Los anticuerpos monoclonales, por su parte, lograron cierto éxito al ayudar a la respuesta inmunitaria del cuerpo a combatir el virus. El tocilizumab es uno de esos tratamientos que se utiliza tradicionalmente para tratar la artritis reumatoidea, aunque es caro en comparación con medicamentos como la dexametasona. En el Reino Unido, el NHS recomienda el uso de tocilizumab junto con dexametasona o un fármaco similar para pacientes hospitalizados. Los datos preliminares de Recovery mostraron que tocilizumab podría salvar una vida adicional en cada 25 pacientes que recibieron el medicamento. Se descubrió que otro anticuerpo monoclonal, sarilumab, mejora los resultados, incluida la supervivencia y la dependencia del soporte de órganos en el ensayo internacional Remap-Cap.

En la misma línea, la terapia de Regeneron es parte de esta clase de tratamientos que están hechos para actuar como células inmunes y combatir infecciones. El medicamento es el resultado de un cóctel de la asociación de casirivimab y imdevimab y está diseñado para evitar que las personas infectadas desarrollen una enfermedad grave. En lugar de esperar a que el cuerpo desarrolle su propia respuesta inmunitaria protectora, imita las defensas naturales del cuerpo. Se le administró al expresidente estadounidense Donald Trump poco después de que le diagnosticaron COVID-19 y fue autorizado con urgencia en los Estados Unidos por la FDA a finales de noviembre pasado.

Fuente: EFE

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