Editoriales Invitados

Un terreno teñido de sangre

Al descorrerse hoy el telón de la 74ava Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Salta, Argentina, la primera imagen que emerge es la de un terreno teñido de sangre y de acosos en el ejercicio del periodismo independiente en este 2018.

Con 29 asesinatos y la desaparición de un fotoperiodista haitiano no esclarecida, se configura el año más lúgubre en la lucha por la libertad de prensa en América Latina, evidenciando el alcance de una cadena de atropellos que cada día tornan más difícil el ejercicio de esta misión.

El 95 por ciento de los casos prevalece en la impunidad, de la misma manera en que han quedado más de 70 crímenes contra periodistas en la última década, sin que se vislumbre justicia para sus autores.

En la medida en que se perpetúa este clima de impunidad, de igual forma se hacen más latentes las vulnerabilidades en que desempeñan su trabajo los periodistas, porque no existe voluntad en los gobiernos para brindar garantías a la vida y al ejercicio de sus labores.

Y lo peor es que siendo tan evidentemente riesgosos los escenarios en que estos actúan, sobre todo en países donde hay sistemáticas violaciones a los derechos humanos, las denuncias sobre amenazas y acosos raramente se investigan y se penalizan.

Contradictoriamente, lo que sobresalen son los intentos de muchos gobiernos y congresos por limitar la libertad de expresión o desacreditar la función de la prensa, para debilitar su capacidad de denunciar y criticar la corrupción y múltiples prácticas nocivas contra los derechos ciudadanos.

En lo que va de año, han sido asesinados 11 periodistas mexicanos, el saldo más alto por país; seis estadounidenses, cuatro brasileños, tres ecuatorianos, dos colombianos, dos guatemaltecos y un nicaragüense, y todavía no se conoce el paradero de un fotoperiodista haitiano.

Con ese telón de fondo se abre hoy la asamblea general de la SIP, cargada de retos para proseguir desbrozando los caminos hacia una libertad humana fundamental que muchos quieren asfixiar o debilitar, sin medir sus catastróficas consecuencias en la aspiración por instalar un estado de democracia real en nuestras sociedades.

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