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Voto “por correo”

Por: Carlos Manuel Estrella

Cualquier variación al sistema tradicional del ejercicio del sufragio en las proyectadas elecciones extraordinarias de los niveles presidencial y congresual, convocadas por la Junta Central Electoral (JCE) para el 5 de julio, tiene que implicar una reforma a la Constitución de la República.

El ejercicio del sufragio, que se materializa mediante el voto, está consagrado en el artículo 208 de la Carta Magna como mecanismo de participación directa del ciudadano en la elección de sus autoridades y es un derecho y un deber, bajo el manto de sus atribuciones políticas.

El voto comporta cuatro características intrínsecas, como expresión máxima de la soberanía popular decretada en las urnas, y son que “es personal, libre, directo y secreto”, además de tener la protección constitucional de que “nadie puede ser obligado o coaccionado” en su materialización.

Ante limitaciones sanitarias derivadas de la pandemia del coronavirus y decisión soberana de otros estados de prohibir por el momento la realización de votaciones de otras naciones en su territorio, caso específico de Estados Unidos, se sugirió el “voto por correo” como solución al voto de la diáspora.

En el sistema electoral dominicano no está contemplada esa formalidad que aseguraría el ejercicio del sufragio a los ciudadanos residentes en el exterior, como tampoco la delegación de este derecho, por las ya citadas características constitucionales de personal, libre, directo y secreto.

Plantear una forma distinta de sufragar en las venideras elecciones implica como condición previa una reforma a la Constitución en su artículo 208, lo que es contraproducente en estos momentos por obvias razones más políticas que jurídicas que el pleno de la JCE conoce y debe descartar.

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