Editorial

La fuerza invisible que sostiene la patria: las remesas de los dominicanos en el exterior


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En medio de las turbulencias económicas globales y las duras políticas migratorias que afectan a millones, los dominicanos en el exterior se han convertido en verdaderos héroes silenciosos del desarrollo nacional. A pesar de la incertidumbre que viven muchos en Estados Unidos —especialmente bajo las medidas migratorias del expresidente Donald Trump— la lealtad y el amor por su tierra natal no se han quebrado. Lejos de olvidarse de sus raíces, nuestros compatriotas continúan enviando remesas con una constancia que conmueve y compromete.

Hasta diciembre de 2024, la diáspora dominicana ascendía a 2,874,124 personas, de las cuales un 53.5 % son mujeres, reflejando el papel protagónico de la mujer dominicana en la sostenibilidad familiar y económica desde el extranjero. El corazón de esta comunidad palpita con más fuerza en Estados Unidos, donde residen más de 2.3 millones de nuestros connacionales, seguidos por importantes núcleos en España, Italia, Chile, Canadá y los Países Bajos.

En los primeros cinco meses de 2025, las remesas experimentaron un crecimiento extraordinario del 11.9 %, comparado con el mismo período del año anterior. Tan solo en mayo, los envíos alcanzaron los US$985.5 millones, una cifra que habla del compromiso firme de nuestra diáspora. En junio, este respaldo se consolidó con US$923.8 millones, un 7.9 % más que en junio de 2024.

Estas cifras no son solo estadísticas frías: son gestos de amor convertidos en dólares, son abrazos que cruzan fronteras, son hogares que se mantienen de pie gracias al esfuerzo de aquellos que, desde lejos, siguen sembrando esperanza en suelo dominicano. Las remesas son, sin lugar a duda, uno de los pilares esenciales del desarrollo nacional. No solo dinamizan el consumo y la inversión, sino que también oxigenan a los sectores más vulnerables, generando oportunidades y reduciendo brechas.

Además, las remesas representan aproximadamente un 12 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país, convirtiéndose en un eje clave para la planificación del Presupuesto General del Estado. Su impacto económico es directo, sostenido y estructural.

Por todo esto, la deuda del Estado dominicano con su diáspora es histórica y creciente. Se hace urgente el diseño y fortalecimiento de políticas públicas que protejan, acompañen y reconozcan a nuestros dominicanos en el exterior. No basta con celebrar su entrega en discursos: hay que responder con hechos, con garantías y con un Estado que esté a su altura.

Porque donde hay un dominicano, hay una patria latiendo a distancia.
Porque su sacrificio es el combustible que mantiene viva la esperanza de miles de familias.
Y porque la patria no se limita a una frontera: se extiende allí donde un corazón dominicano sigue soñando por su país.

Fuente: Contra Flujo