Entre la calle y la rehabilitación: el rostro joven de la adicción a las drogas

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RESUMEN
Aunque los jóvenes están destinados a estudiar y hacer futuro, existe una gran cantidad de adolescentes dominicanos sumergidos en el mundo de las drogas mucho antes de tener contacto con las aulas. El oscuro camino que te lleva a la adicción, ante la supuesta necesidad de obtener dinero fácil para vivir una vida digna, pero incierta.
Así lo testifica Alex, nombre ficticio para proteger su identidad, quien a sus 16 años se involucró en el negocio de las ventas de sustancias ilícitas con el fin de darle un giro a su estilo de vida, caracterizada por la precariedad.
“Cuando yo era niño era muy difícil, porque mi mamá hacía lo que fuera para mantenernos, pero no podía darnos todos los gustos, y eso me quillaba porque yo veía a los otros niños con de todo y yo sin na”, manifestó Alex.
Aunque su deseo nunca fue comercializar drogas, sino más bien, ser un profesional que aportara a la sociedad, pero su realidad y la presión social los motivaron a encaminarse por un callejón sin salida.
Alex es el segundo de cuatro hermanos, hijo de una madre soltera, quien procreó sus hijos con diferentes padres, los cuales posteriormente la abandonaron. “Cuando yo era niño era muy difícil, porque mi mamá hacía lo que fuera para mantenernos, pero no podía darnos todos los gustos, y eso me quillaba porque yo veía a los otros niños con de todo y yo sin na”, narra.
La presión social lo empujó a su primer contacto con la droga, al principio pensó que solo sería una sola vez, un solo transporte sin saber que ese día cambiario su vida.
“Me dieron una funda negra que yo sabía que tenía droga, me dijeron dónde tenía que llevarla y me dieron 50 pesos para el motor. Yo eché la funda en mi mochila de la escuela, me monté en el motor, la llevé a donde me dijeron y volví. Ese día me dieron 300 pesos, menos de lo que yo esperaba, pero algo era algo”.
El joven continuó en la escuela hasta los 15 años, tiempo en el cual alternaba sus clases con el traslado de pequeños paquetes de droga y con la función de campanero (menores instrumentalizados por estructuras de microtráfico, utilizados para alertar sobre la llegada de la Policía). En esa nueva etapa, Alex ya obtenía ingresos del microtráfico, pero estos no eran suficientes para las ambiciones que había desarrollado.
Solo en 2022, unas 30,875 personas fueron apresadas por delitos relacionados con drogas por la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), de las cuales el 54.9 % eran jóvenes entre 18 y 35 años de edad.
Impulsado por su necesidad de encajar y de obtener mayores ingresos, Alex comenzó a guardar paquetes de droga en su casa, a escondidas de su madre, ya que esta modalidad le ofrecía más dinero y mayor seguridad.
“Yo duré como un año y dos meses guardándola, pero tenía miedo de que mi mamá se diera cuenta, porque ya ella me había preguntado de dónde salía el dinero y varias personas le habían dicho que yo estaba haciendo coros malos. Hasta que un día ella la encontró y me dio. Yo le dije que no volvería a hacerlo, pero era mentira. Entonces le pedí al del punto que me diera trabajo y así empecé a vender de vez en cuando”.
De acuerdo con informes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), el microtráfico es la principal puerta de entrada al narcotráfico para jóvenes en situación de pobreza extrema. No requiere inversión inicial ni experiencia previa, y obtener un puesto resulta relativamente fácil en zonas de bajos recursos.
Debido a este nuevo “trabajo”, Alex decidió dejar la escuela y dejar de escuchar los consejos de su madre. Según datos del Ministerio de Educación, la deserción escolar en zonas vulnerables supera el 50 % antes de concluir el bachillerato. Como vendedor, Alex pudo comenzar a darse los gustos que pensaba necesitar y, al cumplir 17 años, ya formaba parte activa del microtráfico.
La otra cara de la moneda
Edygar Torres tenía 19 años cuando probó droga por primera vez. No provenía de un entorno de exclusión ni de carencias extremas. Había nacido y crecido en Valverde Mao, dentro de una familia reconocida en la comunidad. Su madre era catedrática universitaria y fue criado por un padrastro respetado en su entorno.
El primer contacto con las drogas ocurrió en 1999, durante una fiesta, explica que al igual que Alex fue la presión social que abrió la puerta. Un amigo le ofreció cocaína y le prometió una sensación de placer que lo haría sentirse “heavy”.
Según la Encuesta Nacional sobre Uso y Consumo de Drogas, en el caso de la marihuana y el éxtasis, los jóvenes comienzan a utilizar estas sustancias entre los 12 y 15 años, mientras que quienes consumen cocaína, crack y morfina suelen iniciarse a los 15 años.
Al principio, el consumo de Edygar fue esporádico: cada quince días, quizá dos o tres veces al mes, siempre acompañado de la misma persona. Sin embargo, seis meses después cruzó otra línea y comenzó a comprar la droga por cuenta propia. El consumo se volvió progresivo y pronto no podía pasar un solo día sin drogarse.
Durante cuatro o cinco años, la adicción escaló hasta su punto más alto. Su familia lo dio por perdido. Terminó en la calle, pasando semanas sin bañarse, pidiendo dinero y abusando de la confianza de quienes lo conocían. Nunca robó ni cayó preso, aclara, pero pedía dinero prestado y jamás lo devolvía, incluso a compañeras de trabajo de su madre, a quienes llamaba de noche.
La probabilidad de quedar enganchado en el consumo de drogas es de 1.61 %, lo que evidencia el nivel de preocupación por el uso de sustancias tóxicas en el país. Las estadísticas de la UNODC señalan que el 0.68 % de la población dominicana entre 15 y 64 años consume marihuana, lo que equivale a más de 300,000 personas.
En 2009, diez años después de haber comenzado a consumir, Edygar conoció por primera vez Hogar Crea, donde buscó orientación y luego fue trasladado a la central del Cibao. Allí ingresó y permaneció casi dos años en tratamiento. En 2011 logró rehabilitarse. Sin embargo, seis años después, en 2017, volvió a recaer. El proceso de recaída duró casi dos años, hasta que en 2019 regresó nuevamente a Hogar Crea.
En República Dominicana, los centros de rehabilitación reportan un persistente abuso de sustancias entre la juventud, con mayor impacto en el género masculino. Los datos actuales de Hogar Crea Dominicano confirman esta tendencia. El alcohol y el tabaco, seguidos de la marihuana, son las sustancias de inicio más comunes entre los pacientes atendidos en las 41 residencias ubicadas en distintas localidades del país. Sin embargo, la droga ilícita con mayor impacto es el crack, que representa el 60 % de los ingresos por adicción.
El presidente de Hogar Crea Dominicano, Julio Manuel Díaz Capellán, advierte que en los últimos diez años el consumo de sustancias ilícitas entre adolescentes y jóvenes ha aumentado de manera alarmante.
Fuente: N Digital








