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Hoy se cumplen 51 años del crimen de Orlando Martínez: Memoria, Justicia y Libertad de Expresión

Se cumplen hoy 51 años del asesinato del periodista dominicano Orlando Martínez Howley, un crimen que marcó un antes y un después en la historia de la lucha por un Estado de derecho en la República Do…


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Se cumplen hoy 51 años de un suceso que alteró para siempre el pulso democrático de la República Dominicana: el asesinato del periodista Orlando Martínez Howley. Medio siglo y un año después, su nombre no solo evoca la tragedia de un crimen de Estado, sino que se ha consolidado como el estándar ético de la libertad de expresión y el periodismo comprometido en el país. Su máxima, “Las ideas no se matan”, sigue vigente como un recordatorio de que la verdad, aunque se intente sepultar, siempre encuentra la forma de florecer.

Nacido en 1944 en Las Matas de Farfán y formado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Orlando Martínez personificó la transición del idealismo político a la crítica profesional rigurosa. Aunque sus raíces estuvieron en la militancia del Partido Comunista Dominicano (PCD), con el tiempo priorizó la independencia periodística. Desde su columna Microscopio, en el periódico El Nacional, y la dirección de la revista Ahora, se convirtió en una voz incómoda para el régimen de los 12 años de Joaquín Balaguer, denunciando con una valentía inusual para la época los abusos de poder y la corrupción sistémica.

La noche del 17 de marzo de 1975, esa pluma fue silenciada físicamente. Mientras conducía su Lancia azul cerca de la UASD, fue interceptado y asesinado por agentes de los aparatos represivos del Estado. Tenía solo 30 años. Durante décadas, el caso fue un monumento a la impunidad, hasta que en el año 2000 el expediente fue reabierto, logrando condenas para los autores materiales. Sin embargo, los responsables intelectuales nunca se sentaron en el banquillo de los acusados, y la famosa «página en blanco» que Balaguer dejó en sus memorias sobre el caso permanece como un símbolo del silencio histórico que rodeó el crimen.

El legado de Orlando Martínez trasciende hoy lo político para instalarse en lo humano y lo profesional. Amigos y colegas lo recuerdan no solo como un analista brillante, sino como un hombre de una entereza ética inquebrantable que, aun sabiendo que su vida corría peligro, se negó a dejar de escribir. Cada año, el busto levantado en su honor en la avenida José Contreras se convierte en un punto de encuentro para quienes creen que el periodismo debe ser, ante todo, un servicio a la verdad y una resistencia contra la censura.

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