Transformación educativa fundamentada en la calidad, innovación y acreditación internacional

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RESUMEN
En República Dominicana vuelve a tomar fuerza el debate sobre la “transformación educativa”, impulsada por el Gobierno con el propósito de diseñar las bases de un “Sistema Educativo Nacional Integral”, orientado a un nuevo modelo académico articulado con la ciencia, la tecnología y la innovación.
Bajo ese objetivo, el presidente Luis Abinader emitió el decreto 309-26, mediante el cual crea la “Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa”. Entre sus funciones figura la elaboración de un anteproyecto de ley de educación integral.
En pleno siglo XXI, cuando los estudiantes tienen acceso inmediato a información nacional e internacional, los roles tradicionales de los docentes deben transformarse de manera gradual, de principio a fin.
El profesor ya no es el único poseedor del “conocimiento” o de la “verdad” absoluta sobre los temas que se enseñan o debaten en las aulas. Actualmente, cualquier niño maneja muchas más informaciones que uno de hace 15, 20 o 30 años.
Por esa razón, la prioridad de una educación de calidad debe centrarse en fortalecer los pilares fundamentales de la acreditación de carreras profesionales e instituciones educativas, en busca del reconocimiento y la validación nacional e internacional de sus procesos.
LA ACREDITACIÓN COMO GARANTÍA DE CALIDAD
La Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo establece que los modelos de acreditación suelen sustentarse en pilares que garantizan la calidad integral, agrupados en dimensiones fundamentales.
Entre ellas destaca la gestión institucional, vinculada con la planificación y organización, que evalúa aspectos como misión, visión, gobernanza, planificación estratégica y sostenibilidad financiera.
También sobresale la formación integral, enfocada en la academia y el currículo. Esta dimensión analiza la pertinencia de los planes de estudio, el perfil del egresado, la metodología de enseñanza-aprendizaje y la coherencia con los resultados esperados.
En un contexto global marcado por el crecimiento de las empresas tecnológicas, hoy las de mayor capitalización y ganancias en los mercados, resulta vital revisar los programas académicos y alinearlos con esa realidad.
Otro elemento esencial es la docencia e investigación, donde deben reflejarse la idoneidad, selección, capacitación y producción científica del personal académico, así como los aportes en investigación y desarrollo.
El docente de hoy debe convertirse en un generador permanente de nuevos conocimientos, a partir del trabajo diario y de los aportes de sus estudiantes, para impactar tanto en las instituciones educativas como en la sociedad.
Asimismo, los servicios de bienestar y recursos físicos permiten evaluar la infraestructura, laboratorios, bibliotecas, recursos tecnológicos y programas de apoyo dirigidos a la comunidad educativa.
Nadie pone en duda las grandes construcciones de escuelas en todo el territorio nacional, ni la entrega de alimentos, equipos tecnológicos y uniformes. Sin embargo, el verdadero desafío consiste en verificar el impacto real de esas iniciativas en el bienestar y desarrollo de los estudiantes.
La vinculación con el entorno y el mercado laboral también resulta determinante (proyección social) para medir el impacto social de las instituciones y su relación con egresados, empleadores y distintos sectores de la sociedad.
En muchas ocasiones, estudiantes y docentes quedan fuera del debate nacional sobre educación, salud, economía, política, cambio climático, medio ambiente, deporte, seguridad y violencia, entre otros temas. Quizás esto ocurre porque el currículo actual no está diseñado para fomentar esa participación. Esta es la oportunidad de cambiar esa realidad.
En resumen, en1998, en París, cuando se emitió la Declaración Mundial sobre la Educación Superior del Siglo XXI, se llegó a una contundente conclusión: “Se deben de enfrentar una serie de desafíos y dificultades, producto del entorno cambiante, la globalización y su ideal de posicionamiento efectivo, dentro de la sociedad del conocimiento”.
Y el escritor sociólogo y futurólogo estadounidense Alvin Toffler (1928-2016) nos dejó una gran lección, al recomendarnos esto: “Un analfabeto será aquel que no sepa dónde ir a buscar la información que requiere en un momento dado para resolver una problemática concreta”.
Fuente: N Digital








