Colapsó el sistema de partidos y movimientos políticos: velamos la muerte civil de 33 siglas dominicanas

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RESUMEN
Porfirio López Nieto
27 de agosto de 2026
Qué persiguen las acciones contra los partidos que no alcanzaron el 1 % en 2024 y qué ocurriría si los demandantes obtienen causa gananciosa.
Hay leyes que se escriben para aplicarse y leyes que se escriben para negociarse. El artículo 75.1 de la Ley núm. 33-18 es de las primeras: quien no alcance el 1 % de los votos válidos pierde la personería jurídica. La Junta Central Electoral declara la disolución, cierra el expediente y lo archiva. No hay gracia ni prórroga.
Dos años después de 2024, 33 organizaciones que no cruzaron ese piso siguen en el registro, figuran en la boleta futura y perciben, cada una, casi cuatro millones anuales del erario en 2026.
Esa contradicción es el objeto del recurso del Proyecto Visión Nación y de José Cristopher Ramírez contra la Resolución JCE 01-2026, que el Tribunal Superior Electoral conocerá el 15 de septiembre.
El Tribunal Constitucional, en la Sentencia TC/0146/21, no anuló el umbral. Lo leyó de modo aditivo: el 1 % permanece, salvo que el partido logre representación congresual o municipal.
Ese «salvo que» cubre a quien, como el PQDC de Wessin Chávez, con 0.48 % y diputación nacional en alianza, exhibe un escaño. No cubre a la Fuerza Nacional Progresista, con 0.09 % y sin curul, ni a movimientos con votos de a cientos.
La Sentencia TSE/0010/2025 resolvió financiamiento, no personería. La Junta la volvió título de supervivencia y destinó el tramo del 8 %, RD$129.6 millones, a quien la ley considera disuelto.
Si el TSE estima el recurso, cae la personería, cesan las transferencias y se rehace la boleta de 2028.
Quienes sí cruzaron el 1 %, PRM, FP, PLD, PRD, PRSC, DxC, PP y BIS, quedan fuera del tiro.
Para decenas de siglas menores, unas con historia, otras apenas un sello, no sería un ajuste técnico sino la muerte civil: pierden nombre, logo, casilla y toda existencia.
Quienes quieran volver no reabren el expediente: empiezan de cero. Esa es la desolación que se cierne sobre el pluralismo de papel: no el debate sobre el umbral, que la Constitución ya aceptó, sino la certeza de que, aplicada la ley al fin, muchas siglas no tendrán mañana.








