Ganancias elevadas para las AFP

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RESUMEN
Por: Máximo Calzado Reyes
Hay una pregunta que golpea la conciencia nacional: ¿cómo puede ser justo un sistema donde las Administradoras de Fondos de Pensiones obtienen ganancias elevadas, mientras muchos trabajadores, que son los verdaderos dueños del dinero, terminan recibiendo pensiones de miseria?
El problema no es solo financiero, es humano, detrás de cada cuenta de capitalización individual hay años de trabajo y sacrificios para llegar a la vejez con cierta tranquilidad. Pero, cuando ese trabajador descubre que después de décadas cotizando su pensión no alcanza para sobrevivir, el sistema deja de ser seguro y mucho menos social.
La pensión no debería ser una limosna, es el resultado del ahorro obligatorio de una vida laboral. Por eso duele ver que quienes administran los fondos exhiben estabilidad, rentabilidad y beneficios, mientras el afiliado enfrenta incertidumbre, montos bajos y miedo al retiro. La contradicción es evidente: el dinero pertenece al trabajador, pero el verdadero poder sobre ese dinero está en manos de estructuras bancarias y financieras.
Un sistema de seguridad social debe tener rostro humano, su finalidad no puede limitarse a acumular fondos, generar comisiones o fortalecer balances empresariales. Su razón debe ser proteger a la persona cuando ya no puede producir con la misma fuerza. Entonces, no hablamos de seguridad social plena, sino de protección incompleta. En el año 2033, entrarán al sistema de pensiones un grupo importante de trabajadores que cumplirán 60 años y otros que habrán acumulados 360 cotizaciones, en este momento se darán cuenta de lo que hemos planteado durante años, que las AFP son un robo legalizado, pero ya el daño estará hecho, es ahora que necesitamos apoyo para modificar la Ley No.87-01, creando un modelo de AFP, y ARS más justo para los afiliados. Un trabajador, en el ocaso de su vida, no debería depender de sus hijos, de favores familiares o de ayudas ocasionales.
En conclusión, la seguridad social debe servir para proteger, no para frustrar. Debe garantizar un retiro digno, no una sobrevivencia precaria. El dinero de las pensiones no nace de las AFP, nace del sudor de los trabajadores. Y cuando el sudor termina convertido en una pensión que no alcanza, el trabajador tiene derecho a desconfiar de un sistema que solo enriquece a las AFP. Este es el único negocio donde los dueños del dinero no mandan. Las AFP, son la estafa del siglo.






