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Grietas en la reforma de la masculinidad herida en la República Dominicana


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Más allá de los discursos de tiza y las campañas que se desvanecen en el viento, la República Dominicana ensaya un asalto frontal contra el desgarro de la violencia de género: los Centros de Intervención Conductual para Hombres.

Estas estancias de la Procuraduría General de la República representan uno de los esfuerzos institucionales más complejos y necesarios; un intento por deconstruir los altares de una masculinidad hegemónica y violenta. Sin embargo, este bálsamo habita el desamparo de la escasez. Solo tres faros pretenden alumbrar la penumbra de todo un país, confinados a Santiago, el Distrito Nacional y San Juan de la Maguana.

Aquí existe una debilidad y es que los centros funcionan con los hombres que, previamente, han sido denunciados por sus parejas y el las estadísticas oficiales de mayo de 2026 desvelan una verdad lacerante: el 86.3% de las mujeres víctimas por el feminicidio en el primer trimestre del año (19 de 22) nunca llegó a formular una denuncia.

Las aulas terapéuticas curan los cuerpos que el entramado judicial logra rescatar, pero sus manos son cortas para detener los golpes que se ocultan en la clandestinidad del hogar, allí donde el miedo amordaza la voz.

Cuando el agresor entra al programa, la recuperación es posible: durante el año 2025, el tratamiento transformó el destino de 12,354 hombres. En aquellos que completaron el viaje pedagógico y psicológico, la reincidencia mortal rozó el 0%. La terapia funciona cuando el sistema captura a tiempo el impulso violento; no obstante, el impacto social se diluye ante la escasez de centros y el mutismo de las víctimas.

Ahora bien, se nos ocurrió trazar la cartografía del dolor en las provincias donde operan estos centros pues, una reflexión poco ingenua nos haría pensar que en estas provincias la tasa de feminicidios debería ser más baja que en todas las demás, pero aquí la realidad se fragmenta:

Santiago es la herida abierta en números absolutos. Ocupa el 2.º Lugar en tasa de violencia y feminicidios. Es, de las tres, la provincia con la situación más crítica en números absolutos. Al ser la segunda la segunda ciudad más importante del país concentra una enorme cantidad de denuncias de violencia intrafamiliar. El Centro de Intervención Conductual Regional Norte de Santiago recibe un flujo muy alto constante de usuarios, pero la vasta extensión de la provincia y sus municipios dificulta la cobertura total.

El Distrito Nacional está entre el 3.º y 4.º lugar. Aunque el Gran Santo Domingo en su totalidad (especialmente Santo Domingo Este, Norte y Oeste) es la zona más peligrosa para las mujeres en el país, el Distrito Nacional de forma estricta se mantiene en los primeros puestos del ranking nacional debido a la densidad poblacional. Sin embargo, al tener la mayor concentración de recursos institucionales (incluyendo la sede central de los CICH), el seguimiento a las órdenes de protección suele ser más riguroso que en el interior.

San Juan de la Maguana, en el sur profundo, el misterio estadístico se torna cruento. En la estadística nacional de la PGR, San Juan no compite en números absolutos con las grandes metrópolis. No obstante, criminológicamente representa un foco rojo: la provincia tiene una población mucho menor, lo que significa que registra 3 o 4 feminicidios en un año y esto dispara su tasa de homicidios de mujeres por cada 100,000 habitantes, colocándola a menudo en niveles de riesgo relativo superiores a los de provincias más grandes.

Los centros conductuales quiebran la reincidencia de puertas hacia adentro, pero su eco se apaga en las calles. El impacto global sigue viéndose socavado por la persistencia de esa «cifra negativa» en el murmullo de las mujeres que padecen en un silencio sagrado y terrible. Mientras falten tejidos comunitarios capaces de advertir el riesgo antes del llanto final, la justicia seguirá llegando tarde, cuando la tragedia ya ha escrito su última línea de sangre.

Fuente: El Demócrata

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