INVESTIGACIÓN DE DATOS POR EL VEEDOR DIGITAL

La pintura de oro de la OMSA, RD$28.9 millones bajo “urgencia” para desabollar y pintar autobuses


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Investigación de datos por El Veedor Digital

Santo Domingo, D.N. 26/03/2026. Hay gastos públicos que molestan por el monto. Y hay otros que, además, hieren por el mensaje que envían. El caso de la OMSA entra en esa segunda categoría. Los documentos revisados muestran que la Operadora Metropolitana de Servicios de Autobuses certificó y luego adjudicó un proceso por RD$28,949,995.97 para la “contratación de servicio de desabolladura y pintura para los autobuses de la empresa”, identificado como OMSA S.A.-MAE-PEUR-2026-0001. En las piezas del procedimiento, el objeto adjudicado aparece descrito no solo como pintura, sino también como desabolladura, cambio de color y rotulación de autobuses de marcas Iveco, Mercedes Benz Mascarello y Volvo.

El expediente muestra además que el dinero fue distribuido en tres adjudicaciones: RD$12,100,000 para Talleres Mar, EIRL; RD$9,249,996.40 para Inversiones Ardisa, SRL; y RD$7,599,999.57 para Comercializadora JMP, SRL. En la lista de oferentes figuran cuatro empresas y una de ellas no fue aceptada. El calendario también fue acelerado: publicación y apertura del proceso en febrero, recepción de ofertas el 17 de febrero de 2026 y acta de adjudicación el 25 de febrero de 2026, todo bajo la etiqueta de proceso de excepción por urgencia.

Y ahí está el corazón del problema. No solo se trata del monto: se trata de la vía utilizada. El propio marco oficial de contrataciones define la excepción por urgencia para atender necesidades provocadas por hechos fortuitos, inesperados, imprevisibles, inmediatos, concretos y probados que impacten el interés público. Sin embargo, la resolución de urgencia publicada por OMSA justifica este tipo de contratación hablando de necesidad de mantenimiento preventivo y correctivo, alta demanda del servicio, retrasos en los procesos normales de compras y la transformación institucional de la entidad. En otras palabras, la gran pregunta pública no es si los autobuses necesitaban trabajo de carrocería; la gran pregunta es si eso era realmente una urgencia imprevisible o una necesidad operativa que debió planificarse con tiempo.

La duda crece cuando se mira el propio historial institucional de la OMSA. Su memoria institucional 2025 reporta que la entidad ya había iniciado ese año un proceso para la contratación de servicios de desabolladura y pintura para los autobuses de la empresa. Eso indica que no estamos frente a una necesidad desconocida o recién descubierta, sino ante un requerimiento recurrente de la flota estatal. Cuando algo es recurrente, la explicación de “urgencia” deja de ser automática y empieza a parecer, al menos, una señal de falla en la planificación.

Más incómodo aún: la propia OMSA reconoce en su estructura oficial una División de Desabolladura y Pintura, y sus manuales internos describen procedimientos para fabricar piezas, reparar piezas averiadas y pintarlas dentro de su área de mantenimiento. Además, en las nóminas oficiales indexadas para 2026 aparecen cargos vinculados a Desabolladura y Pintura. Eso no prueba por sí solo que toda tercerización sea indebida, pero sí obliga a formular una pregunta de interés público: si la institución tiene estructura, manuales y personal asociados a esa función, ¿qué parte exacta del trabajo justificaba sacar casi RD$29 millones fuera de casa y por la vía de urgencia?

Sobre el número de unidades, hay un dato importante de transparencia: en los documentos oficiales que me compartiste se fija con claridad el monto y el objeto del contrato, pero no aparece en esas dos piezas el total de autobuses intervenidos. La cifra de 31 autobuses es la que repiten los reportes periodísticos y los comentaristas que han cuestionado el caso. Si esa cifra es correcta, el promedio no sería de RD$985,000 por unidad, como se ha dicho en algunos espacios, sino de aproximadamente RD$933,871 por autobús, tomando como base el monto oficial adjudicado.

Lo que se ha dicho públicamente ya no es un murmullo aislado. RCC Noticias y La 91 FM recogieron señalamientos del comunicador Manuel Cruz sobre el alto costo por unidad, el uso del procedimiento de urgencia, una supuesta ejecución previa a la adjudicación, alegadas ausencias de firmas en el acta, requisitos técnicos ambiguos y una restricción geográfica a empresas del Gran Santo Domingo. Otros medios digitales también han replicado el cuestionamiento y han pedido explicaciones técnicas sobre el gasto. Esos señalamientos no equivalen, por sí mismos, a una prueba definitiva de irregularidad. Pero sí elevan al máximo la obligación de OMSA de responder con documentos, detalles técnicos, criterios de mercado y cronograma real de ejecución.

Y por eso este caso golpea tanto. Porque mientras la OMSA anuncia para 2026 expansión de flota y hasta un primer corredor eléctrico, un expediente de esta magnitud corre el riesgo de convertirse en símbolo de otra cosa: no de modernización, sino de opacidad. El problema no es reparar autobuses; eso es necesario. El problema es que, cuando una institución pública gasta casi RD$29 millones en trabajos de carrocería, pintura, cambio de color y rotulación por la vía de urgencia, en una entidad que además ya tiene estructura interna para esa área, lo mínimo que el país merece no es un silencio administrativo. Lo mínimo es una explicación completa, pública y verificable.