RD: cuando la estabilidad económica sienta las bases de una gran transformación

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RESUMEN
Hay momentos en la historia económica de un país en los que las cifras dejan de ser simples estadísticas y comienzan a revelar una transformación. República Dominicana atraviesa uno de esos momentos. La estabilidad alcanzada durante los últimos años coincide con una expansión sostenida de sus principales fuentes de divisas, una mayor diversificación productiva y una creciente capacidad para atraer inversiones.
Los resultados más recientes del Banco Central muestran esa realidad. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones totales alcanzaron US$8,745.7 millones, un crecimiento de 16.6 % respecto al mismo período de 2025. Dentro de ese resultado, las exportaciones de zonas francas sumaron US$4,359.7 millones, con un crecimiento interanual de 3.2 %. A ellas se agregan las exportaciones nacionales, el turismo, las remesas, la inversión extranjera y otros servicios, conformando una estructura de generación de divisas cada vez más amplia y resistente.
El turismo constituye una de las expresiones más visibles de esta transformación. República Dominicana cerró 2025 con un récord histórico de 11,676,901 visitantes: 8,861,169 llegaron por vía aérea y 2,815,732 por vía marítima. Para 2026, el ministro de Turismo, David Collado, proyecta que el país superará los 12 millones de visitantes. En el primer semestre, el sector generó US$6,716 millones, un incremento de 15.3 % respecto al mismo período de 2025, con un impacto que se extiende a hoteles, restaurantes, transporte, comercio, construcción, agricultura y numerosos servicios.
Las remesas constituyen otra fortaleza. Entre enero y julio de 2026 ingresaron US$7,316.4 millones, para un crecimiento interanual de 6.4 %. La inversión extranjera directa alcanzó US$3,276.5 millones al cierre de junio, un aumento de 7.7 %. De ese monto, US$2,194.6 millones correspondieron a nuevos aportes de capital.
Cuando estos componentes se observan en conjunto, aparece la verdadera dimensión del cambio. Solo entre enero y junio, las exportaciones, el turismo, las remesas, la inversión extranjera y otros servicios generaron más de US$26,500 millones en divisas, unos US$2,800 millones adicionales frente al mismo período de 2025.
Ese flujo de recursos ha contribuido a fortalecer la estabilidad cambiaria y las reservas internacionales. Al 31 de julio, el peso acumulaba una apreciación de 8 % respecto al cierre de 2025, mientras las reservas internacionales se situaban en US$15,253 millones, equivalentes a 5.5 meses de importaciones.
La economía también está recuperando velocidad. El IMAE creció 6.4 % interanual en junio y acumuló durante el primer semestre de 2026 un crecimiento promedio de 4.5 %, frente al crecimiento de 2.1 % registrado por la economía en todo 2025.
Pero quizá el dato más importante está en la capacidad que tuvo el país para atravesar la adversidad. Estos seis años estuvieron marcados por una pandemia, guerras, inflación internacional, shocks petroleros, tasas de interés elevadas y fragmentación comercial. Sin embargo, República Dominicana no solamente recuperó lo perdido. Llegó al otro lado con mayores reservas internacionales, niveles récord de inversión extranjera, una prima de riesgo inferior al promedio regional, inflación nuevamente alrededor de su meta y un turismo que opera muy por encima de sus niveles prepandemia.
Al mismo tiempo, las finanzas públicas continúan fortaleciéndose. El balance primario pasa de un déficit de 0.11 % del PIB en 2025 a un superávit proyectado de 0.78 % en 2028. Entre los países analizados, República Dominicana mejora su posición relativa en este indicador desde el lugar 11 en 2019, al 9 en 2025 y al 7 en 2028.
Y hay una señal adicional que merece atención: bajo una misma fuente y metodología, República Dominicana aparece como la economía de mayor crecimiento proyectado de América Latina durante 2026, 2027 y 2028, por encima de economías como Panamá, Costa Rica y El Salvador.
Estos resultados no pueden explicarse únicamente por las condiciones externas. Requieren conducción, disciplina, decisiones oportunas y un liderazgo capaz de preservar los amortiguadores económicos mientras impulsa el crecimiento.
Por eso, el balance de estos seis años no puede limitarse a decir que República Dominicana resistió las crisis internacionales o recuperó los niveles de actividad previos a la pandemia. El verdadero resultado es haber salido de ese período con una economía de mayor escala, más diversificada y con fundamentos fortalecidos.
La estabilidad económica, por tanto, no es simplemente un indicador favorable. Es la plataforma sobre la cual pueden construirse nuevas inversiones, mayor actividad productiva, más oportunidades y una economía con mayor capacidad para enfrentar las incertidumbres externas.
La transformación no ocurre de un día para otro. Pero cuando un país consigue estabilidad después de atravesar uno de los períodos internacionales más complejos de las últimas décadas, esa estabilidad deja de ser solamente un logro: se convierte en el punto de partida de una nueva etapa.
República Dominicana está llegando a ese punto. La estabilidad económica ya no es solamente el resultado de una política acertada. Es la base sobre la cual puede construirse una gran transformación nacional.
Fuente: Listin Diario






