Opinión

Los rostros cambiantes del crimen organizado: qué nos dice América Latina y dónde queda República Dominicana


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Por: Roberto Hernández

InSight Crime, la fuente de referencia regional en el estudio del crimen organizado, acaba de lanzar su serie “Summer InSights 2026”, dedicada a radiografiar a los perfiles narcotraficantes, combatientes y líderes de pandillas que están redefiniendo el mapa criminal de las Américas. La serie parte de una premisa incómoda pero necesaria: el crimen organizado no es un fenómeno estático, sino un organismo que muta según la presión estatal, la tecnología disponible y los vacíos institucionales de cada país. Vale la pena leer esa fotografía regional en clave dominicana.

Cuatro dinámicas que marcan la región

Primero, el llamado “efecto Bukele” continúa expandiéndose más allá de El Salvador, donde la tasa de homicidios cayó de niveles cercanos a 83 por cada 100,000 habitantes en 2016 a menos de 2 en 2024. Varios gobiernos de la región observan ese modelo de mano dura con una mezcla de fascinación y cautela, sabiendo que sus resultados en seguridad conviven con serios cuestionamientos sobre debido proceso y derechos humanos.

Panorama Opinión. InSight Crime, la fuente de referencia regional en el estudio del crimen organizado, acaba de lanzar su serie “Summer InSights 2026”, dedicada a radiografiar a los perfiles narcotraficantes, combatientes y líderes de pandillas que están redefiniendo el mapa criminal de las Américas. La serie parte de una premisa incómoda pero necesaria: el crimen organizado no es un fenómeno estático, sino un organismo que muta según la presión estatal, la tecnología disponible y los vacíos institucionales de cada país. Vale la pena leer esa fotografía regional en clave dominicana.

Cuatro dinámicas que marcan la región

Primero, el llamado “efecto Bukele” continúa expandiéndose más allá de El Salvador, donde la tasa de homicidios cayó de niveles cercanos a 83 por cada 100,000 habitantes en 2016 a menos de 2 en 2024. Varios gobiernos de la región observan ese modelo de mano dura con una mezcla de fascinación y cautela, sabiendo que sus resultados en seguridad conviven con serios cuestionamientos sobre debido proceso y derechos humanos.