República Dominicana, China y Taiwán: entre pragmatismo, legalidad internacional e interés nacion

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RESUMEN
Por José Manuel Jerez
La relación de la República Dominicana con China y Taiwán representa uno de los movimientos más significativos de su política exterior en las últimas décadas. La decisión de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China en 2018 no fue un simple cambio de reconocimiento, sino un giro estratégico que redefinió la inserción internacional del país en el contexto de la competencia global entre potencias.
Desde la perspectiva del derecho internacional, el reconocimiento de la política de “Una sola China” responde a una tendencia mayoritaria en la comunidad internacional. Sin embargo, esta decisión no puede analizarse exclusivamente en términos jurídicos, sino también en clave geopolítica y de interés nacional.
La República Dominicana optó por priorizar su relación con una de las principales potencias económicas del mundo, buscando ampliar oportunidades en comercio, inversión e infraestructura. Este enfoque responde a una lógica pragmática: en un sistema internacional competitivo, los Estados deben alinear sus decisiones con sus intereses estratégicos.
No obstante, el pragmatismo no puede implicar improvisación. La relación con China exige una política exterior clara, capaz de gestionar oportunidades sin generar dependencias. La asimetría entre ambos países es evidente, lo que obliga a una diplomacia cuidadosa, técnica y estratégicamente orientada.
Por otro lado, la ruptura de relaciones con Taiwán también implica costos. Durante décadas, Taiwán fue un socio relevante en términos de cooperación y asistencia. La transición hacia China debió y debe ser gestionada de manera que maximice beneficios sin desconocer los compromisos históricos ni afectar la credibilidad internacional del país.
En este contexto, la política exterior dominicana debe evitar una lógica de alineamiento automático. La relación con China debe ser estratégica, pero no excluyente. La diversificación de relaciones internacionales es un principio clave para preservar la autonomía y ampliar el margen de maniobra del Estado.
La competencia entre Estados Unidos y China añade una capa adicional de complejidad. La República Dominicana, como país con fuertes vínculos con Estados Unidos, debe manejar esta relación con equilibrio, evitando ser percibida como un actor alineado de manera unilateral en una disputa de grandes potencias.
Asimismo, la relación con China debe estar orientada a resultados concretos. Proyectos de inversión, transferencia tecnológica y acceso a mercados deben ser evaluados con criterios de sostenibilidad, transparencia y beneficio nacional. La diplomacia económica juega aquí un papel central.
En el escenario actual, la política exterior dominicana enfrenta el desafío de insertarse en una dinámica global marcada por la multipolaridad. La relación con China es una oportunidad, pero también un campo de riesgo si no se gestiona con visión estratégica.
En definitiva, el vínculo con China y la transición desde Taiwán constituyen una prueba de madurez de la política exterior dominicana. La clave no está en elegir entre potencias, sino en construir una estrategia propia, basada en el interés nacional, la legalidad internacional y un pragmatismo inteligente que fortalezca la soberanía del Estado.








